El cabello nace en el folículo piloso, crece durante un tiempo (entre 2 a 5 años) y después cae. Este es básicamente su ciclo de actividad mediante el cual se produce su recambio. Cada pelo, atraviesa estas fases independientemente respecto de los pelos vecinos. Es decir, un pelo puede estar en fase de crecimiento, mientras que el de al lado puede estar en ese mismo momento en fase de caída. Gracias a esto, tenemos una masa capilar constante en el cuero cabelludo. De lo contrario, si todos los pelos hicieran este ciclo al mismo ritmo, nos caerían todos a la vez y luego nos volverían a salir todos juntos.

Comprendiendo esto, es fácil darse cuenta de que, de manera natural, siempre tendremos un porcentaje de cabellos que se encontrarán en fase de caída, y por tanto, siempre nos encontraremos cierto número de pelos que se desprenden al peinarnos. Se puede considerar normal una caída de hasta 60 pelos al día aproximadamente, que además puede agudizarse en las épocas de efluvio, llegando a perder hasta 100 cabellos al día en condiciones normales.

Sin embargo, no está de más, al igual que acudimos al ondontólogo un par de veces al año para que revise nuestra dentadura, acudir al dermatólogo para que revise la salud de nuestro cabello.

Hay una serie de signos que nos pueden estar alertando de una posible alopecia. Efluvios demasiado prolongados, caídas de cabello excesivas, aparición de una areata, alteraciones en el cuero cabelludo como picor, enrojecimiento, descamación, etc. Más aún si presentamos ya signos evidentes de alopecia, como pérdida de densidad capilar sobre todo en la zona frontal o en la coronilla, retracción de la línea del nacimiento…es primordial en estos casos consultar con el especialista.