Doctora me cae el pelo… ¿estaré “bajo de defensas”? ¿tendré anemia?

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Esta pregunta me la hacen muchos de mis pacientes, sobre todo mujeres, y tienen razón, el hierro es un mineral determinante en la alopecia.
La carencia de hierro puede ser debida a una falta de aporte al organismo o ligada a pérdidas sanguíneas como las menstruales o en el parto. El aporte insuficiente puede ser debido a un déficit en la dieta o una falta de asimilación del mismo. Cuando las cantidades de hierro que se ingieren son inferiores que las que se pierden, por ejemplo con la menstruación en chicas con reglas abundantes, se produce un balance férrico negativo en suero y no se estimula la síntesis de ferritina en el hígado.
Es fácil de entender, y así se lo explico siempre a mis pacientes, que nuestro cuerpo es sabio y cuida los órganos vitales. Cuando se producen importantes pérdidas de hierro, la ferritina que se encuentra en los folículos pilosos en crecimiento se libera al suero para atender las necesidades de otros órganos más importantes, como la médula ósea, para la fabricación de glóbulos rojos. Debido a esto los folículos entran en fase de caída o telógena y se produce un efluvio telogénico. Esto puede suceder incluso sin que exista todavía anemia, simplemente si los niveles séricos de ferritina son menores a 40 ng/ml.
Esto es fácil de determinar con una simple analítica de sangre que podrá solicitar el dermatólogo, en la cual también se deberán incluir otros parámetros en función de cada caso, puesto que las causas de alopecia pueden ser variadas, hormonales, carenciales o genéticas, e incluso la combinación de varias de ellas.
La mayoría de las veces cuando existe una carencia de hierro es necesario tomar suplementos de hierro. En estos casos es recomendable para favorecer su absorción ingerirlos:

 

  • Con el estómago vacío, entre comidas.
  • Con zumos ricos en vitamina C, ya que contribuye a su mejor absorción, por ejemplo de naranja, mandarina, kiwi, fresa, pomelo o tomate.
  • No combinarlos con alimentos ricos en calcio, como la leche.

No obstante muchos pacientes se interesan por aumentar su ingesta con la dieta. El hierro que se ingiere a través de la alimentación puede ser de origen animal o vegetal. El de origen animal se absorbe mejor y se encuentra fundamentalmente en las carnes rojas, el pavo, el conejo, el hígado, la yema de huevo, el pescado (sardina, pescadilla, lubina, rape) y los crustáceos (almejas, chirlas, berberechos, mejillones). El de origen vegetal en las verduras de hoja de verde (espinacas, acelgas, lombarda, perejil) y las legumbres. Lo frutos secos más ricos en hierro son los pistachos y las pipas de girasol. Los vegetales contienen sustancias que dificultan la absorción de hierro como el ácido fítico (presente en lentejas, garbanzos y cereales integrales), el ácido oxálico (contenido en espinacas, acelgas, coles, espárragos y chocolate) y los taninos (se hallan en el té, el café y los vinos).
Unos prácticos consejos dietéticos para combatir la falta de hierro son:

  • Aliñar las verduras, carnes y pescados con perejil y limón.
  • Combinar en el mismo plato alimentos ricos en hierro de origen animal y vegetal.
  • Tomar de postre cítricos o zumos recién exprimidos.
  • Reducir la ingesta de café, té, vino y vinagre.
  • No abusar de alimentos integrales y limitar el consumo de fibra.
  • Separar el aporte de lácteos (queso, leche y yogures) de las principales comidas ricas en hierro.
  • Aumentar el consumo de cereales en el desayuno.

Dra. Elena Roche

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