La alopecia androgenética es el tipo de alopecia más extendido tanto en hombres como en mujeres. Su evolución es lenta, progresiva y degenerativa.

Esta alopecia viene determinada por dos tipos de factores: genéticos y hormonales.  Los factores genéticos,  predisponen al individuo a padecer la alopecia porque presentan mayor número de receptores androgénicos a nivel de los folículos pilosos del cuero cabelludo. A su vez, la exposición a los andrógenos (testosterona) es la responsable directa de la progresiva degeneración de los mismos.

Esta degeneración folicular, conocida como miniaturización, no se debe por tanto a que el individuo presente los niveles de testosterona por encima de lo normal, sino a que, por su herencia genética, presenta mayor sensibilidad a los niveles normales de dicha hormona.

La miniaturización hace que el folículo sea cada vez más pequeño y el pelo que se forma en su interior sea de un calibre cada vez menor y con una fase anágena (de crecimiento) más corta. Si no se trata el problema llega un momento en que el folículo muere y el pelo deja de salir.

La alopecia androgenética puede aparecer a cualquier edad tras la pubertad, momento en que aumentan los niveles de testosterona. Entre la población de más de 50 años, se estima una incidencia del 50% para los varones, y del 40% para las mujeres.

El patrón que sigue la AAG es diferente en cada sexo. En el caso de los hombres, se ve afectada la línea de implantación, que se retrae, así como la coronilla, que pierde densidad capilar. En el caso de las mujeres, el patrón es difuso, afectándose toda la región frontal y, manteniéndose intacta la línea de implantación.